Un paseo por mi barrio
He cambiado de domicilio. Ahora vivo en la misma mega-urbe, pero me he mudado a una de esas zonas que llaman “de expansión”, donde se supone que la vida es más natural, más limpia, más humana que en el atestado centro urbano. Bien.
Ayer llamé al abuelo para que viniera a visitarme, estaba deseando que conociera mi nuevo entorno. Vive en el pueblo, a 400 kms de distancia. No le gusta moverse de su “humilde paraíso” (como él denomina al lugar donde vive), pero, por no desilusionarme, se subió a su viejo Citroën y se vino para acá.
Y hoy hemos paseado por mi nuevo barrio. Le he mostrado…
…las amplias avenidas…
…las innumerables rotondas
…las plantaciones de árboles de diferentes especies…
…los parques…
…los carriles bici…
…las farolas…
…las fuentes cantarinas…
…los pasos de cebra…
…los parterres
El abuelo, algo ausente de mis explicaciones, no ha dejado de mirar al suelo durante la caminata. Pienso que quizás sea por “la” reúma, que le ha afectado al cuello; a su edad es normal.
Al acabar el paseo nos hemos ido a tomar unas cañas a la nueva fashion-terraza-bar de la avenida principal. Con el último sorbo de su caña, me ha dicho:
—Me ha gustado mucho tu nuevo barrio, Jonathan. Pero echo de menos mis trochas sin asfaltar, el cantar de las caberneras, el olor a resina, a tomillo, los riscos pelados de los cabezos, el treintaitrés y su torta de sardinas, las ramblas, sus matas de baladre, el vuelo de los chamarises, el rumor del agua de la cieca, la guincha de la Paqui —esto último levantándose de la silla de diseño—. Te agradezco mucho el rulo pero me regreso al pueblo.
Se ha metido en su Citröen. Ha puesto en marcha el motor. Ha bajado la ventanilla. Ha sacado la mano, la ha agitado en señal de despedida. Ha sonreído. Ha puesto el intermitente izquierdo. El coche ha comenzado a moverse. Se ha ido.
Y yo, mientras llamaba al camarero y tragaba la última patata brava, me he quedado pensado si no debería haberlo llamado a voces, haber corrido hacia él, haber subido a su coche, haberme largado con él.









yo me mude, quizás me mudaron porque los precios no se podían pagar, a la periferia, después fui a la periferia de la periferia, veo algunos árboles por la ventana, un río domesticado... no es mucho, pero habrá que conformarse con ello hasta que podamos mandarlo todo a paseo.
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